miércoles, 6 de abril de 2011

El dixon se ha vuelto la morada perfecta para los recitales de Skay en Rosario


El Dixon a pleno, la gente coreando, mucho aguante, afuera hace frío, aunque adentro ni se note, esta noche toca Skay.

Es la cuarta visita de Skay y los seguidores de la diosa Kali al templo del rock rosarino y pareciera que ningún otro lugar en esta ciudad le brindara tanto calor a este excelente guitarrista que cada vez que vuelve es recibido de mejor manera (cada vez va mas gente!).

No se hizo esperar tanto y ni bien entrada la medianoche del sábado 20 la banda salió a romper la noche con su rock potente y penetrante. Sabemos bien que con tres discos solista y con su larga trayectoria ricotera nada nos debería asombrar, pero la realidad es otra, cada acorde que marca el comienzo de un tema es festejado como si fuera el único que estabas esperando escuchar. Y no solo eso, cada gesto, movimiento o guiño brinda esa complicidad con el público que es devuelta con festejos y gran pogo.

Las canciones se sucedieron como un largo festejo entre amigos que disfrutan de su reunión, El gólem de paternal, Flores secas, Canción de cuna, Astrolabio, Síndrome del trapecista, Ángeles caídos, Arcano XIV, y esta vez al público se lo notó ya acostumbrado de escuchar Jijiji a la mitad del repertorio, el clásico ricotero que servía de nota final y ahora lo disfrutamos antes, como para ir despegándose de ciertos vicios.

Y si nombramos temas de los redonditos no podemos dejar de lado el furor causado por temas como El pibe de los astilleros o Rock para los dientes con los que bailamos todos.

Hablando de costumbres y notas curiosas no podemos dejar de lado el hecho de verlo al flaco regalar algunos de los punteos más virtuosos al guitarrista Oscar Reyna, no como una muestra de desgano sino como el manifiesto de humildad de un grande.

El regalo de la noche fue el tema nuevo inspirado en un ritual chamánico de los indios Hopi, que fue atentamente escuchado por todos y en donde se tuvo la certeza de que el rock va a seguir estando.

Como siempre, como es de esperarse, Skay y los seguidores de la diosa Kali se despiden, pero la cosa no acaba ahí, luego de tocar El fantasma del 5to piso, llega Oda a la sin nombre y el templo del rock se pone de la cabeza para agradecer a la banda por ese último tema y por una noche inolvidable.



MARCELO MENEGOZZI




(N.d.A.)este post pertenece a una serie de crónicas publicadas entre 2008 y 2009 en una página web de rock porteña (Rock24hs.com), la compartimos, mostramos y publicamos a fin de recordar buenos momentos.

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